
Porción de la Torá: Eikev (Recompensa)
Lectura de la Torá: Deuteronomio 7:12-11:25
Lectura profética: Isaías 49:14-51:3
Parashá Eikev
“Los incentivos aumentan el pecado”
En la lectura de la Torá de esta semana, se dice que «HaShems no acepta sobornos» (Deuteronomio 10:17). A lo largo de las Escrituras, se menciona en varias ocasiones que quienes ocupan puestos de liderazgo son oredenados a no aceptar sobornos. Sin embargo, la Biblia nunca prohíbe ofrecerlos. ¿Significa esto que es aceptable hacerlo? La respuesta es claramente no. La razón por la que la Escritura solo prohíbe recibir sobornos es que, si no fuera pecado, existiría un incentivo para que las personas intentaran pervertir la justicia, transgredir la ley y ofrecer sobornos. La Biblia enfatiza que aceptar sobornos es incorrecto y, por lo tanto, elimina el incentivo para actuar de esa manera.
A través de esto, uno aprende un principio importante. Si bien una persona debe hacer lo correcto porque es lo correcto, eliminar el incentivo de un pecado en particular puede contribuir en gran medida a que otro no peque. Por eso, el comportamiento pecaminoso nunca puede ser recompensado ni tolerado. Hace unos años me vi involucrado en una situación en la que alguien malversó dinero de la herencia de otra persona. Cuando esta ofensa llegó a conocimiento de las partes involucradas, uno pensaría que el infractor devolvería el dinero y pediría perdón.
Esto no sucedió; en cambio, se recurrió a abogados para negociar un acuerdo. Pasaron años antes de que finalmente se devolviera el dinero. Al final, los honorarios de los abogados, otros gastos y las molestias costaron mucho más que el dinero robado. De hecho, desde una perspectiva puramente financiera, hubiera sido mejor simplemente ignorar la ofensa y resolver la herencia. Muchas personas me dijeron que, como creyente, debía perdonar y ser misericordioso. Sin embargo, esta mala interpretación del concepto de gracia habría sido en realidad una traición a mis responsabilidades hacia el difunto. Además, muchas personas estaban observando. Por ejemplo, los hijos y nietos del infractor seguían de cerca el asunto. Era importante que aprendieran que tal comportamiento no era beneficioso. En otras palabras, era apropiado que comprendieran que no había ningún incentivo para actuar de esa manera. Al final, el infractor solo quería terminar con ese calvario, ya que el dinero dejó de ser relevante y fue devuelto.
En resumen, es fundamental que una sociedad elimine todo tipo de incentivos relacionados con el pecado. Cuando se ignora este principio, el pecado aumenta.

