¡Shabbat Shalom! Parashá Shelaj Leja

La conexión entre las lecturas de esta semana es evidente: se enviaron espías; en la lectura de la Torá, para reconocer la Tierra Prometida, y en la lectura profética, a la ciudad de Jericó. El personaje principal del pasaje profético es Rajav (Rahab), quien hizo una declaración muy importante a los espías:

«Y dijo a los hombres: “Sé que HaShem les ha dado la tierra, porque el terror de ustedes ha caído sobre nosotros y todos los habitantes de la tierra han desfallecido ante ustedes. Pues hemos oído cómo HaShem secó las aguas del Mar de los Juncos delante de ustedes cuando salieron de Egipto, y lo que hicieron a los dos reyes amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sijón y a Og, a quienes destruyeron por completo”». Josué 2:9-10

Estos dos versículos revelan que el pueblo de Jericó no solo había oído hablar de cómo Di-s obraba entre los hijos de Israel, sino que HaShem también había infundido temor en ellos. Este «temor» era, en realidad, una forma de convicción. En otras palabras, no es que el pueblo de Jericó desconociera lo que HaShem estaba haciendo; más bien, simplemente eligieron no someterse a ello. Rajav, sin embargo, decidió actuar conforme a esta convicción y buscar la provisión de liberación de Di-s.

Cada vez encuentro más personas que critican a HaShem y cuestionan Su justicia debido a aquellos que no han respondido adecuadamente a Él y están eternamente perdidos. Muchas personas luchan con la idea del juicio eterno. Este es, ciertamente, un tema muy común. Este pasaje del libro de Josué revela mucho al respecto. En primer lugar, el pueblo de Jericó no estaba en tinieblas respecto al poder y la autoridad del Di-s de Israel. Se afirma claramente que habían oído hablar de estas grandes victorias y del cuidado sobrenatural de HaShem hacia el pueblo judío (al secar las aguas del Mar de los Juncos). También se ha dicho que HaShem llevó al pueblo a una profunda convicción interior. En otras palabras, el hecho de que los habitantes de Jericó no quisieran salir a luchar contra los hijos de Israel es un claro indicio de que sabían que, con HaShem del lado de Israel, no tendrían éxito.

Lo sabio habría sido salir, dar la bienvenida al pueblo de Di-s, bendecirlo y preguntar cómo podían llegar a formar parte de Su congregación. Todos sabemos que esto no sucedió; prefirieron quedarse de brazos cruzados y no responder a la revelación del Di-s de Israel. Lamentablemente, esto es lo que muchas personas hacen con el Mesías Yeshúa: experimentan convicción por obra del Espíritu Santo, pero no responden correctamente y, finalmente, corren la misma suerte que la ciudad de Jericó: la destrucción. La diferencia radica en que no será solo una ciudad la que sea destruida, sino el alma de la persona.

El alma es eterna y experimentará la vida eterna o la muerte eterna. Por ello, es tan urgente presentar el mensaje de salvación mediante el Evangelio del Mesías Yeshúa, pues nunca sabemos quién podría ser como Rahab, tomar el mensaje en serio, responder con fe y hallar la vida eterna.

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