¡Shabbat Shalom! Parashá Koraj

En la porción de la Torá de esta semana, aprendemos que seguir un liderazgo inadecuado conlleva consecuencias muy graves. Koraj era un hombre importante, un líder entre líderes, pero no era a quien HaShem había elegido para hablar y guiar a los Hijos de Israel. Koraj se rebeló, ante todo, contra el Señ-r y, en segundo lugar, contra Moisés. A causa de la rebelión de Koraj, miles de los Hijos de Israel perecieron. Aquellos que se libraron de la ira de Di-s, gracias a la labor sacrificial de Aarón, se sintieron condenados por su pecado y por su incapacidad para lidiar con él. El pueblo se sentía desesperanzado. Sabían que, debido a su condición espiritual, terminarían muriendo separados de HaShem. Por estas razones clamaron:

«…He aquí que perecemos, estamos perdidos, todos estamos perdidos. Todo el que se acerca al Tabernáculo de HaShem muere; ¿acaso dejaremos alguna vez de perecer?» Números 17:27-28

En el versículo 27, los dos verbos hebreos גווע (perecer/expirar) y אבד (perderse/perecer) están en tiempo pasado. El tiempo pasado en hebreo difiere algo de lo que implica el pasado en inglés (o en español). Lo que se quiere transmitir es que su destino ya está sellado y que, en el plano natural, nada cambiará su condición espiritual. En el versículo siguiente expresan el dilema: desean acercarse a HaShem, pero hacerlo provocaría su muerte. Por tanto, surge nuevamente un sentimiento de desesperanza entre el pueblo.

En cierto sentido, el sacerdocio se estableció para abordar este problema; sin embargo, es importante comprender que los sacerdotes representaban solo una solución temporal y parcial. Como afirma el autor de la Epístola a los Hebreos, lo que ocurría en el Tabernáculo y posteriormente en el Templo no hacía más que expresar, en términos simbólicos, la obra redentora consumada de una vez por todas por el Mesías Yeshúa.

Era necesario que el pueblo comprendiera que estaba muerto y alejado (perdido) del Di-s Vivo, e incapaz de hacer nada para cambiar su condición. Este es solo uno de los muchos casos en la Biblia hebrea en los que el pueblo debería haber pedido a HaShem que enviara al Mesías para redimirlo. ¿Cuál es el resultado de la obra de redención de Yeshúa? Además, tal como afirma el autor de la carta a los Hebreos, podemos acercarnos con valentía (con plena confianza) ante el trono de Di-s, teniendo la certeza de que la gracia —absolutamente necesaria para poder presentarse ante HaShem— está disponible y unirá al creyente con Di-s en un pacto eterno.

Soy consciente de que a muchas personas les cuesta asimilar el concepto de un pacto eterno; sin embargo, ¿acaso no hablan las Escrituras de una redención eterna?

«No por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido redención eterna» (Hebreos 9:12).

Es importante comprender que la salvación no es una condición temporal. Una vez que alguien es salvo gracias a la obra plenamente suficiente de Yeshúa, recibe vida eterna. Si la vida eterna pudiera perderse, malograrse o devolverse, entonces habría sido vida eterna solo en potencia, y dependería de factores ajenos a la obra del Mesías. Ese no es el tipo de vida eterna que revelan las Escrituras. Afiáncese en la certeza de que aquel a quien Yeshúa ha salvado está seguro por la eternidad, pues ha recibido la redención eterna, y no una vida eterna «condicional» o incierta que dependa de la propia persona.

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