Shabbat Shalom. Parashá Pinjás

En la porción de la Torá de esta semana, inmediatamente después del lamentable acontecimiento en Baal-peor, se instruye a Moisés para que realice un nuevo censo de los Hijos de Israel. Existían tres requisitos para que un hombre fuera incluido en el censo. Antes de abordar dichos requisitos, cabe señalar que figurar en el censo equivalía a formar parte de la familia de Di-s; por consiguiente, todo varón debía desear ser incluido en él.

A primera vista, los requisitos parecían muy básicos, pero cada uno de ellos poseía un componente espiritual. He aquí los tres requisitos:

1)   Debía tener veinte años de edad o más (Números 26:2, 4).

2)   Debía servir en el ejército de Israel (Números 26:2).

3)   Debía haber salido de la tierra de Egipto (Números 26:4).

En cuanto al primer requisito —tener al menos veinte años de edad—, se observa que, si bien toda la ley judía sitúa la edad de responsabilidad del varón a los trece años, la Torá establece los veinte. En otras palabras, se espera que a los veinte años el varón haya alcanzado la madurez suficiente para asumir plenamente las responsabilidades que un adulto tiene para con su comunidad y para con HaShem. No presentarse al censo al cumplir los veinte años conllevaba la excomunión.

El segundo requisito es sumamente relevante para la moderna nación de Israel. La Torá enseña que Di-s exige a todo varón que alcanza los veinte años de edad servir en el ejército. Este principio es muy claro; sin embargo, lamentablemente, la gran mayoría de la comunidad jaredí de Israel se niega a prestar servicio. Actualmente, en el parlamento israelí se debate intensamente sobre la derogación de la ley que exime a los hombres religiosos de servir en las Fuerzas de Defensa de Israel. Según la Torá, el varón de veinte años que se niega a servir en el ejército debe ser separado de la nación. Por favor, tenga en cuenta también que es imposible ser observante de la Torá y pacifista a la vez.

El tercer y último requisito para formar parte del censo —y, por ende, de la familia de Di-s— es haber salido de la tierra de Egipto. La mayoría de los comentarios interpretan esto como algo que posee una connotación espiritual. En otras palabras, no se trata de haber vivido literalmente en Egipto ni de haber participado físicamente en la primera Pascua; más bien, alude a quienes han asumido el compromiso de no vivir bajo la autoridad de las influencias mundanas que Egipto representaba, sino de vivir bajo la autoridad de HaShem. Naturalmente, esto conlleva implicaciones para nosotros como creyentes en el Mesías Yeshúa. En muchos pasajes del Nuevo Pacto se ordena al seguidor de Yeshúa que deje de comportarse como lo hace el mundo y, en su lugar, camine en fe, adopte las normas del Reino y manifieste así la gloria de Di-s. Pienso en las palabras de Pablo a los efesios:

«Esto, pues, digo y requiero en el Señ-r: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente». Efesios 4:17

Asimismo, Pedro instruyó:

«Porque suficiente tiempo en el pasado hemos hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, diversiones desenfrenadas e idolatrías abominables». 1 Pedro 4:3

Estos versículos hacen eco de las palabras de Juan en el libro de Apocalipsis, quien exhorta al pueblo de fe a salir de Babilonia, la cual representa los elementos y caminos pecaminosos del mundo (véase Apocalipsis, capítulo 18).

Palabras serias para los tiempos serios que vivimos.

Cabe señalar que el término «gentil» puede referirse a alguien que no tiene una relación de pacto con Di-s.

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